jueves, 22 de septiembre de 2011

Romance del Conde Olinos


EL CONDE OLINOS

Anónimo - España
Caminaba el Conde Olinos,
mañanitas de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.


Mientras su caballo bebe,
se oye un hermoso cantar;
las aves que iban volando
se paraban a escuchar.


- Bebe mi caballo bebe,
Dios te me libre del mal,
de los vientos de la tierra
y de las furias del mar.


Desde la torre más alta
la Reina le oyó cantar.
- Mira hija, como canta
la sirenita del mar.
- No es la sirenita, madre,
que ésa tiene otro cantar;
es la voz del Conde Olinos
que por mí penando está.


- Si es la voz del Conde Olinos
yo le mandaré matar;
que para casar contigo
le falta sangre real.


- No le mande matar, madre,
no le mande usted matar;
que si mata al Conde Olinos
a mí la muerte me da.


Guardias mandaba la Reina
al Conde Olinos buscar,
que le maten a lanzadas
y echen su cuerpo a la mar.


La infantina, con gran pena,
no cesaba de llorar.
Él murió a la media noche
y ella, a los gallos cantar.


A ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar,
y a él, como hijo de condes,
unos pasos más atrás.


De ella nace un rosal blanco;
de él, un espinar albar.
Crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.


La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.


De ella naciera una garza;
de él, un fuerte gavilán.
Juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Herman@s




Herman@s
Lourdes García Esperón


Soy la menor de tres hermanas
y ahora de grandes,
no hay diferencia
en las edades.
Pero en la infancia
era importante
ser la más chica,
o la de en medio
y ser la mayor.

María leía,
Ángela  y yo jugábamos.
Las tres cantábamos,
bailábamos…
Soñábamos
en ser princesas,
flores, gaviotas y mariposas
o bellas hadas.

¿Dónde vivíamos?
En el Palacio de una princesa
o en el bosque de Blanca Nieves,
en madriguera de algún conejo,
con el rey Midas, con Sherezada
y en cada cuento que había en la casa.

Con una lámpara, una escalera
el tocadiscos y la penumbra
de nuestra sala,
representábamos…
Mientras tú actuabas
yo iluminaba
y ella aplaudía

Contra el tedio
imaginábamos
viajes insólitos
en esa sala
de aquella casa.

En el jardín
grandes bautizos
se organizaban…
el de una rana
en su cubeta con mucha agua.

Nos disfrazábamos
Con ropa antigua
Que había en los closets.
Éramos hadas,
Malvadas brujas,
novias y reinas
o cupletistas.


Y aunque reñíamos
-por tonterías-
siempre el juego
nos volvía a unir




Ahora al crecer,
sin escalera,
sin tocadiscos
sin esa lámpara,
las tres llevamos
esa penumbra iluminada
de nuestra sala.



María escribe
Angela baila
y yo confieso
que me divierte
estar con niños
leyendo cuentos.

Miro mi infancia
con mis hermanas
jugando y riendo,
siempre inventando
siempre cantando
siempre soñando.
Viviendo en cuentos.


Que divertidos son los hermanos,
qué entretenido nos la pasamos;
qué aburrido, si no estuvieran
qué solos nos sentiríamos.


Aunque peleemos, aunque riñamos
tenemos siempre a nuestros hermanos.

Nos molestamos,
 nos protegemos,
nos escondemos,
nos encontramos.

No importa si tienes uno,
dos o cuatro u ocho,
si eres el sándwich,
si el mayor eres o el benjamín.
Si eres mellizo
o hasta trillizo,
Mejor que todo es no ser el único.

Qué buenos ratos
recordaremos
cuando crezcamos
de aquella infancia
que compartimos

y llevamos dentro.



Romance de Catalina



                                           Anónimo - España

Estaba la Catalina
sentada bajo un laurel
gozando la frescura
de las aguas al caer.

De pronto pasó un soldado
y lo hizo detener.
- Deténgase usted soldado
que una pregunta le quiero hacer.

- ¿Ha visto a mi marido
que a la guerra fue una vez?
- No he visto a su marido,
ni tampoco sé quién es.

- Es alto, rubio y guapo
tan guapo como usted.
Y en la punta de su espada
lleva escrito Juan Andrés.

- Por sus señas, señora
su marido muerto es;
en la mesa de los dados
lo mató un genovés



Y me ha dejado el encargo

que me case con usted
y que cuide de sus hijos
tal como lo haría él.

- Eso sí que no lo haría,
no me lo permita Dios;
siete años lo he esperado
Y siete más lo esperaré.

-Si a los catorce años no viene
yo de monja entraré
y a mis seis hijos varones
con el rey los llevaré.
Que le sirvan de vasallos
y que mueran por su fe,
y a mis seis hijas mujeres
conmigo las llevaré.



Calla, calla, Catalina.
Calla, calla de una vez,
que estás hablando con tu marido
que no has sabido reconocer.

miércoles, 24 de agosto de 2011

La princesa Suspiro, de Enrique Pérez Díaz



En su torre, en su ventana,
la princesa suspiraba.
Siempre inventando quimeras,
siempre tocando una flauta.

En palacio se contaban,
de la princesa hechizada,
que no encontraba el amor,
que no soñaba con nada.

Miles de apuestos donceles
habían ido a cortejarla,
pero ninguno agradaba
a la princesa hechizada.

Los miraba con desdén,
apenas les dirigía palabra;
iba luego hacia las sombras
de su alta torre encantada.

Pero ella en sus canciones
un gran amor se inventaba,
un príncipe que venía de lejos
y a grupas se la llevaba.

Era moreno en sus sueños,
con ojos de noche estrellada,
era grácil y muy fuerte,
una voz que acariciaba…

Había nacido en el mar,
en una isla lejana,
se paseaba los océanos
nadando en la azul distancia…

Le contaba de aventuras,
se inventaba mil cruzadas,
por mares infinitos
y montañas encantadas…

Le hablaba de mil princesas
que a sus pies le adoraban,
se llamaran Cenicienta,
les dijeran Sherezada…

Pero el príncipe del sueño,
nunca la felicidad encontraba,
iba por los caminos del mundo
tras su quimera inventada…

Y allá en la torre más alta,
Suspiro siempre solitaria,
destejiendo mil baladas
que al ocaso regalaba…

Un día su música de ángeles
llegó a una tierra lejana,
sobre su corcel de oro y plata
el soñado príncipe paseaba…

Un extraño sentimiento
le partió en dos el alma,
al escuchar esa flauta
que solo de amor le cantaba…

Espoleando a su caballo,
la ilusión en su mirada,
el príncipe rompió mil caminos
tras la princesa hechizada…

Y allá en la torre tan alta,
tan lejana, abandonada,
ella que le ve acercarse
con ardor en sus palabras…

Pero eran otros sus ojos,
otra, la risa soñada,
su pelo ya encanecía
de tanto y tanto buscarla…

Un adiós, lejos un príncipe
y en la torre queda Suspiro,
quien por su quimera imposible
siempre sueña, siempre aguarda…




(C) Enrique Pérez Díaz
Voz: María García Esperón
Música: Yanni
MMXI

lunes, 22 de agosto de 2011

Cuando algo empieza


María García Esperón

Cuando algo empieza
llueven estrellas
el sol calienta
un poco más.

Y los olores
nos llegan nuevos
como acabados
de despertar.

Somos los mismos
¡y tan distintos!
nos emociona
hasta caminar.

Cuando algo empieza
pules las horas
la luna envuelves
con celofán.

Y en la ventana
de tu mañana
un sueño asoma
tras el cristal.

Todo es tan nuevo
y tan brillante
que no quisieras
verlo acabar.

Cuando algo empieza
no te detengas:
abre las alas
echa a volar.

sábado, 2 de abril de 2011

Escrito en el tiempo, poesía de chicos inspirada en mitos griegos

Imagen: Andrea Hernández Tovar

Escrito en el tiempo

Poesía inspirada en mitos griegos y en la lectura de 
El Disco del Tiempo 
de María García Esperón

Alumnos de 2º de secundaria del CENU

San Miguel de Allende, Gto.

MMXI

Pasífae por Alejandra Santos



La hermosa Pasifae
es muy querida y deseada,
pero ella mucho cae
cuando de toro se ve disfrazada.

Europa era su suegra;
tuvo un hijo con Minos
pero su suerte se vio negra
cuando su hijo no fue niño;
era un minotauro
y como no era querido,
fue encerrado en un laberinto
para que nadie resultara herido.

No sólo tuvo al toro,
también tuvo hijos bellos como oro:
Aridadna, Potnia y Knossos eran sus hijos hermosos.

Tuvo una triste muerte
pues en un terremoto muy fuerte
destruyó toda la villa
y murió aplastada como tortilla.

Lorde

Lorde
lgarciaesperon@yahoo.com

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